Bye bye 2019

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Estoy aquí en en un avión dirección a punta cana (muy chic, lo sé) matando el tiempo, con un niño dormido o medio muerto al lado, no lo sé. Tampoco me importa. He visto dos películas y leído dos revistas y media, no puedo más. Solo me quedan 2.17 para llegar, una hora infecta de aeropuerto para maletas y aduanas y un viaje en coche de dos horas. Tranquila, respira, Margarita Cocktail is waiting, thank you very mucho.

 

Desde que dejé el blog allá por el 3 a.c. la gente me sigue diciendo que vuelva a escribir, que vuelva a retomar, que siga escribiendo. Siempre me pregunto qué hubiera pasado si no lo hubiera dejado, ¿Sería millonaria? ¿Habría escrito un best-seller? ¿Me hubiera comprado una mansión en Miami? Yo que sé. No sé quién es mi padre, voy a saber esto… Si lo supiera todo, tampoco hubiera ido a todas las brujas a las que voy. Maldita adicción. Como me gusta lo que me encanta. Lo estoy dejando. Creo, en parte, que me dio miedo no ser capaz de ser lo suficientemente buena. Puto miedo. Pero creo, que la excusa que di de no tener ideas fue quizás la mayor mentira que he dicho jamás. Como no voy a tener ideas, yo. Es como decir que la película de El Irlandés es buena. Mentira, falacia gorda, pufo.

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Estoy en ese punto de mi vida que no sé si ser, youtuber, Instagrammer, blogger o Gilipoller, que es en lo que realmente soy cumlaude. Lo que ya no tengo del todo claro es que si solo con ser yo misma, séase gilipoller, acabaré siendo millonaria, que es lo que realmente quiero. Pero no una millonaria cualquiera, nah, nah, nah; una millonaria de bien, del taco. Que gaste bien ahí haciendo circular la economía de nuevo. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Joder, me imagino a mí misma en ese plan y es que me pongo cachonda. Materialista, superficial, banal; diréis. Y lo que tú quieras guapi, “Show me da money”.

 

Luego también he pensado en ser guionista, cágate. No porque sepa nada al respecto, sino porque trabajo con ellos y me veo capaz, al menos, de intentarlo. Solo llevo diez años menos de trayectoria profesional pero, ¿Qué más da? Si Trump puede ser presidente, Greta Thunberg es creíble y nuestro número uno en Spotify es Omar Montes, todo es posible.

 

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También se me ha ocurrido escribir un libro, tampoco sé muy bien de qué, pero si me veo a mi misma como Diane Keaton en cuando menos te lo esperas escribiendo obras graciosas de renombre internacional cuyo éxito capta la atención del productores como Netflix, por ejemplo. No os olvidéis de su casa en los Hamptons y pisazo en Nueva York. Olé la Briten ahí, diríais. Yo me veo.

 

Se me ha ocurrido también hacer vídeos en los que pongo voces a muñecos, cágate vol. ii. Me inventaría historias cuanto menos divertidas pero no estoy segura de si el enfoque serían niños o adultos. Creo que más bien adultos teniendo en cuenta que el 50% de las cosas que digo son barbaridades y el otro 50%, tonterías nivel dios. Entiendo que nadie quiere tener un hijo tonto o bestia…los dos. Soy única.
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Pero no me quedo ahí, a raíz de las Charlas de Briten, quiero ser como Ellen Degeneres. No que ahora quiera ser lesbiana y mejor amiga de todos los presidentes del gobierno, pero sí forrada y con un programa de televisión en el que pueda hacer lo que me dé la gana. Sin filtros. Os juro que si me dejaran, dios, que favor le haría al mundo. Por supuesto me rodearía de profesionales que hagan todo lo que yo no sé hacer. Ósea todo. Yo sólo aportaría la mandanga, la chispa, el salseo y seguramente perreo también. “Omagod”.

 

Incluso he pensado en retomar el blog, ¿cómo te quedas? Increíble lo mío. Me subestimáis pequeños seres.

 

No sé qué acabaré haciendo y qué no, sólo sé que no sé nada, que de ilusión se vive, que tener mil ideas implica tener 1000 posibilidades de éxito y también de fracaso, que de lo malo se aprende, que es mejor hacer algo que no hacer nada, que si fallas no importa, que rendirse no es una opción, que hay que dar gracias todos los días por lo que tenemos; porque mañana puede que ya no esté y que la vida pasa demasiado rápido. Tanto, que ya sólo me queda una hora y diez minutos para llegar a destino.

 

Espero haberos sacado una sonrisa, un esbozo, un feeling de buen rollo, un “Je me sais quoi”.

 

Feliz 2020 amigos.